El mundo se estrecha en el cuello de una botella y las voces de los afligidos se estiran bajo el nudo de una corbata bien apretada, mientras los osados desafian a la moral con una cruz y un Dios que desaparecido entre el Tigris y el Eúfrates.
El espiritu de los hombres se esconde tras los pocos árboles que visten de vida a la Tierra.
Sobrevive, sobrevive el misterio que lo alimenta, sobrevive el sueño de los adolescentes, la Tierra tiembla y el Dios del Oceano enfurecido quiere castigarnos por desafiar la ley de los sueños, pero el hombre sigue impasible, hasta que no aprenda a volar por si mismo.
Pasará el tiempo, y el mundo batallará con el extremismo, la ciencia y la religión, pero no podrá consumirse la llama de la esperanza que nos da alas para ser algo más que un ser humano.
Sabemos que solo vemos una parte de la realidad, una parte tan pequeña e insignificante que ya tenemos ganas de viajar a esos otros lugares inexplorados.
Desde que el hombre es hombre, a buscado ese lugar escondido en las tinieblas de la mente, la memoria ancetral, el aura del misterio de la vida.
Sabemos que existe porque todo el mundo lo dice, nadie quiere creerlo, pero de vez en cuando lo podemos ver en los sueños, sueños tan claros como el día, tan calidos como la brisa temprana de la mañana con los primeros baños de sol sobre nuestro rostro.
Hay otros lugares, hay otra gente, hay otra forma de ver y de vivir, hay otra forma de hablar, hay otra forma de sentir, hay otra forma de tocar sin usar las manos y hay otra forma de ver si tener ojos, ver mucho más de lo que podamos imaginar, incluso hay otra forma de moverse sin tener piernas...hay otras leyes, somos entes aun difusos en este Universo, y se nos ha concedido la gracia de poder descubrirlo.
No existe mayor satisfacción que la de descubrir el misterio que nos envuelve. Somos privilegiados, no lo olvidemos nunca.